2012-05-30

5 años / 5 urte: José Gregorio del Sol Cobos


Se puede decir que la tribología es la ciencia del rozamiento. Me pregunto si sería aceptable una metáfora en la que una cierta "tribología" (¿"blogotribología"?) estudiase cómo las personas que se deciden a escribir en internet por capricho personal experimentan una cierta forma de rozamiento con la realidad, ese fondo común de condiciones sociales, económicas, políticas y de otros tipos que nos sostiene, mece, sumerge, envuelve, asola, atosiga, ahoga... a todos.

La gente en general no lleva mucho tiempo escribiendo en Internet. Quizá una buena cifra sea la década, esa unidad de tiempo en la que la mayoría de nosotros es capaz de encontrar cambios entre su ahora y su ayer. Sin embargo, en la nueva sociedad creada sin querer a base de millones escribiendo al ritmo desenfrenado de electrones deslocalizados viajando por cables de cobre por todo el mundo (alguno incluso hecho luz que rebota infinitas veces por cable de fibra óptica), una década es ya una unidad de tiempo excesiva. Los cambios sustanciales se aprecian mucho antes. Al ser medidas subjetivas, es igual de arbitrario decir un año, o, por ejemplo, cinco.

Hace cinco años estaría escribiendo esto con una identidad digital diferente, en un ordenador portátil, con una aplicación ofimática (libre, por supuesto) y antes y después estaría vigilando lo que ocurriera alrededor de mis únicos dos blogs. Habría colgado previamente fotografías en Flickr, el único servicio para ello que valía la pena por entonces, y seguiría rezando para que Google no se volviese malo. Quizá empezaría (empezaba) a explorar el microblogueo y las redes sociales, sin encontrarles a ninguno el gusto intelectual que me daban los blogs. Mantendría algún animado debate con Iñaki y otros, a base de bien construidos comentarios.

Hace cinco años sobrevolábamos la realidad en los blogs, sin demasiado roce con el día a día. Queríamos cambiarlo todo, claro, pero a base de la reflexión y el diálogo más o menos apasionado. Quien entendía, vislumbraba, como Iñaki, cómo aquello de los blogs afectaría a su campo profesional, pongamos por caso la enseñanza.

¿Y hoy? Me aburrí de mi primera identidad digital, que sin embargo mantengo por nostalgia y oscuros designios para dominar el mundo. Estoy escribiendo esto en el teclado acoplado a una tableta con Android, ¡sobre Google Docs! No tengo "blog", y no necesito vigilar nada porque los múltiples sitios por los que voy dejando migajas de mi sabiduría (vale, algunas cosas no cambian) me avisan instantáneamente de lo que ocurre en su vecindad. Sigo usando masivamente Flickr, pero en el ínterin he gestionado un fotoblog, colaboro en otro y he empezado a publicar en Instagram (pero sólo porque esto es una tableta, sin números de teléfono: la ha comprado Facebook y la privacidad se ha convertido en un condicionante más de nuestras actividades en la red). Google es definitivamente tan mala como cualquier gran empresa, y al contrario que hace cinco años, no para de cerrar servicios propios (¡parece una España en crisis!). Y estoy definitivamente atrapado por el microblogueo, creo que prácticamente en todas sus variantes. Con Iñaki y otros ya prácticamente sólo intercambio... tuits de 140 caracteres máximo.

Desde hace uno o dos años (pero sobre todo el último) la gente que escribe en internet forma un engranaje intimamente sujeto, lubricado y funcional con la realidad diaria (¡incluso horaria!) que se transparenta por la nueva caverna que es el mundo de las redes sociales. Avanzamos, retrocedemos, nos trasladamos, giramos e irradiamos, cual electrones sometidos al destino de los campos electromagnéticos, pequeños pulsos en forma de opiniones cortas, lapidarias y atadas al día a día como nunca antes les ocurrió a tantas personas. Si antes volábamos en busca de la formulación correcta de nuestras ideas y de un futuro mejor, hoy necesitaríamos una nanotribología (¿"tuitribología"?) que nos aclarase, que nos estudiase y en último término nos permitiese despegarnos de una realidad tanto más pegajosa cuanto más bajo en la escala de los acontecimientos bajamos en la escalera engañosa de tuits, comentarios en Facebook y relajantes fotografías de Tumblr.

Bueno, no todos. Algunos irreductibles nos muestran otro camino manteniendo su blog camino de esa década que poco a poco se nos hará la escala de los tiempos casi mitológicos. Incólumes o sabias ante los encantos de lo inmediato, personas como Iñaki siguen escribiendo cuando les parece, como les parece, donde les parece y de lo que les parece en sus blogs. Los que nos perdimos en la jungla de lo actual y nuevo sólo podemos decir "Gracias".

¡Y feliz cumpleblog!




3 comentarios:

  1. Goyo, M@k... honor y responsabilidad que vuelvas a bloguear aquí. Y queda claro que esto es como andar en bici, que dicen no se olvida ;-)

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  2. Jaja,algo de eso hay, supongo.

    Muchas gracias por la oportunidad de desengrasar la neurona :D

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  3. Siempre tendrás las puertas abiertas... creo que lo que me propuso una persona de celebrar el no aniversario puede estar bien ;-)

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