Alguna vez ya he escrito en estos años sobre la muerte, como hace un par de años;
"tu final, mi final". Cuando alguien cercano se va --se muere, dicho sea sin eufemismos-- sin que sea de manera repentina, ese proceso final te da que pensar, y, en mi caso también de escribir. Incluso te da la ocasión de reflexionar sobre el
testamento vital, sobre cómo me gustaría que fuese mi final.
Y aunque fantesees sobre ello, en plan película, que te gustaría ver tu propio funeral, que hasta se escriba y se comente
el luto digital, reconozco que hace poco, en un funeral precisamente, me dio un vuelco el corazón, cuando entre los muertos recordaron a "Iñaki Murua". Aunque estuviera seguro de que no era yo el finado.
Hileta-elizkizun batean zaudela aipatutako hildakoen artean zure izen-abizenak entzuteak zirrara berezia sortarazten duela ziurtatzen dizut, irakurle-adiskide. Abadea jakin beste "Iñaki Murua" batez ari zela jakin arren, egoera honek fikzioetan nork bere hiletan parte hartzen dueneko ukitua izan zuela ezin ukatu.
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