Unerik larrienak pasatu ondoren, baneukala ilobei zer kontatu esan nion neure buruari. Neu ere Bilbon nengoelako 1983ko abuztuaren 26an, gurasoek etxea baitzuten Atxurin eta ura metro batetik gora sartu zelako bertan. Gainera bakarrik nengoen etxean (zeuden auzoko bakarrak larritasunaz jabetu arte) Bilboko jaietan parte hartzeko zain. Ordu luzeak izan ziren, etorriko zena asmatu ezinik, ordura arte ikusita nituen aguadutxuekin zer ikusirik ez zuen uholdea.Gogoan dut lehio parean ikusi nuen txalupa, ea ateratzerik nahi nuen galdetuz; goizaldean euriak egiten zuen zarata izugarria; etxean izandako txikizioa; hamaika lagun eta ezagunen laguntza eta eskaintzak... Pelikula baten fotogramen antzera pasatzen zaizkit orain begien aurretik.Cuando pasaron los momentos más duros, me dije que ya tenía una batallita para contar a los nietos y nietas en el futuro. Porque también viví en primera persona las inundaciones del 83. Vivía en casa de aita y ama, en Atxuri; el agua subió aquella madrugada más de un metro en la vivienda.
Fotografía de JSM13 en Flickr.
Al fondo se puede ver AtxuriPodría escribir mucho sobre los recuerdos de aquella tarde, las horas y días siguientes, pero ante el aluvión de testimonios de estos días voy sólo a destacar algunas de las impresiones y sensaciones:
- el hastío, la tensa espera, el no saber qué hacer en la tarde noche, sin luz, solo en casa (hasta que los vecinos del segundo, únicos que también estaban en casa ese día, se dieron cuenta de la magnitud)
- la incertidumbre de hasta dónde seguiría subiendo el agua.
- el ruido de la lluvia de madrugada en un Atxuri inundado.
- la sorpresa de ver una lancha a la altura de la ventana de casa, con un voluntario preguntándome si quería que me sacasen.
- el nivel del barro en la calle cuando bajó el agua.
- ver tirar muebles y enseres inservibles por el balcón de casa.
- la diferencia que se percibía en la Villa cuando se pasaba el puente del Arenal.
- los distintos detalles de muchos amigos y conocidos en los días posteriores.
Hay quien me preguntó si no temí porque cayera la casa. La respuesta es que si hubiese tenido alguna duda hubiese tratado de escapar de algún modo; es cierto que tampoco vi derrumbarse una en La Peña, al otro lado de la ría, y que no pensaba en un principio que el agua pudiese subir hasta donde lo hizo. Había visto otras inundaciones, la última una semana antes, y ni por asomo podía imaginar lo que vendría después.
Otra curiosidad. Fui quitando y subiendo objetos a mesas y otras alturas; entre otros mi acordeón, a la cual alcanzó el agua. Pero también tenía en casa todos los instrumentos de la txaranga a la que pertenecía entonces, porque era quien vivía en el Casco Viejo; como quiera que estorbaban, los subí por la escalera a lo más alto, por lo que se salvaron en su totalidad.