2013-11-15

De memoria, de corazón... somos diferentes

Soy asiduo a la columna que semanalmente escribe Pilar Kaltzada en Deia; en ocasiones, incluso, me inspira y la cito en el blog en euskera que tengo en ese barrio blogosférico, Ikasle eta irakasle, como ha sucedido ayer mismo.

En un breve resumen de la columna de esta semana, (zerrendak, o sea, "las listas") Pilar se alegraba de que hubiesen propuesto a su hija en el colegio una estrategia que ella utilizó en sus tiempos y que, es más, ha venido utilizando en otros campos de la vida desde entonces: confeccionar listas (y aprender de memoria, añado de paso)

Ello me recordó, en un primer momento, a una ocasión en la que un primo me preguntó --es lo que tiene ser profesor de lenguas, entre otras cosas-- si le recomendaba un método de inglés, conocido por ser publicitado a través de  distintos medios de comunicación (y prometía buenos y rápidos resultados, por cierto). Mi primera reacción, pensando en mí mismo, fue decir que no; sin embargo, me di cuenta de que tampoco conocía tanto a mi primo y que, tal vez, esa propuesta didáctica que no elegiría para mí podía ser muy válida para él. 

el Buho nº 30, en Flickr, con licencia CC
Y he pensado en más cosas. 
 
Como que aprender de memoria puede tener su parte positiva, pero que, puestos a escoger, me quedo con el by heart inglés, de corazón, más que con el de memoria o el buruz (de cabeza) del euskera. Claro que se aprenden de memoria, y cosas de interés para el aprendiente no se olvidan; sé de quien se aprendió --y a día de hoy no ha olvidado-- las alineaciones de los equipos que jugaron el mundial de fútbol de España en 1982. Habrá más de uno y más de dos que pensarán que menudo aprendizaje ¿no?

Y enseguida me lleva al por qué, por qué aprender, si hay modos mejores (distintos) de hacerlo. Yo, sin ir más lejos, me sigo acordando de la frase inicial del libro de Teoría de la Música que teníamos que aprender al comenzar solfeo --"música es el arte que se expresa combinando el sonido y el ritmo"-- pero, me temo, que poco recorrido tiene, como el ejemplo del párrafo anterior o la lista de los Reyes Godos (ésa, por fortuna, no me la tuve que aprender)

Y de ahí, un saldo casi inmediato a lo que oí hace poco y volvía a leer el fin de semana en el blog de Miguel Angel Santos Guerra: que la gallina no es un águila defectuosa, algo que debiera saber quien cuida la gallina e incluso la propia gallina. 

Porque con las diferencias, lo modos de aprender, las estrategias... no son --no deben ser-- universales, recetas válidas para todos. Desde esta perspectiva, a menudo se considera que el modo en el que "yo" aprendí (o aprendo) --y en el "yo" podemos poner lo que queramos, incluso la tradición-- es en el que deben hacerlo todos los demás; que el mío es el único válido --y ni te cuento si creemos firmemente en él--. Menos mal que, por suerte intuyo, no somos iguales y, en consecuencia, no aprendemos igual.




2 comentarios:

  1. De memoria o de corazón de lo que se trata es de seguir aprendiendo ¿no?

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  2. Pero no con el estilo de la letra con sangre entra, que aprender también se aprendía (aunque a saber qué, seguro que no solo la letra)

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