2012-11-01

Temores / Izua

Te levantas mal una mañana. No te sientes normal: te pican las manos, notas la cara caliente, los labios hinchados. Te miras al espejo. Y empiezas a pensar en Kafka y la metamorfosis, en el hombre elefante, incluso si te estás volviendo pariente cercano de las moscas en la línea de lo que escribió Jon Bilbao.

Pero, en este siglo XXI, lo que haces es acudir al servicio de urgencias del hospital cercano. Y te atienden rápido, porque te ven el aspecto. Y te dicen que avises si tienes problemas para respirar (glubbs, hasta ahora no, pero...) Y te examinan y te acaban pinchando (en vena, en sentido literal, además de en las nalgas, o el culete, como te dice la enfermera) y te notas mejor, hasta que se te pasa después de un rato. "Urticaria" pone en el informe de alta. Te dan unas recetas y advierten que de volver a notarlo vuelvas, y te repiten lo de la respiración (reglubbs, que noto que me ahogo de solo pensarlo)

Bueno, pues parece que no era para tanto. Y entonces piensas en tus temores de la mañana, de qué pasaría en tiempos pasados con este tipo de enfermedades de la piel y con quienes las padecían... o de si son cosas, o daños colaterales, de eso que se viene a llamar progreso.

andy_carter en Flickr (licencia cc)
Aurpegia gorri eta bero, ezpainak handituta, hazkurea eskuetatik gora besoan... Ispiluari so eta beldurtu. Eskerrak XXI. mendean ospitaleak, sendagileak, botikak ditugula. Azkenean urtikaria baino ez, antza. Baina eta aurreko mendeetan zer gertatuko zen? Izurriduna eta horren ondorioz baztertua izateko arriskua? Ai ene, zer nolako kontuak pentsa daitezkeen larrialdi-zerbitzuan zauden bitartean.

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